Esta es la historia del día en que la dueña del hostel de Rodeo (pronúnciese Rrrrrrrrrrrrouuuudiiiooooo) me hizo comer compota de manzanas al día siguiente de la gran borrachera gran. Bah, en realidad no hay nada que contar, sólo que nunca tuve que poner tanta cara de "¡uhm, qué rico!" mientras mi boca y mi estómago pensaban "¿por qué?, ¿por qué nos hacés esto? ¿ayer toda esa birra y hoy esto? decime, a ver, decime, ¿qué te hicimos nosotros a vos? te hacemos sentir el sabor de las cosas, te hacemos digerir, no te digo perfecto, pero sí normalmente, no entiendo, ¿por qué nos estás mandando esta passssssta, dulce, no ves que no queremos nada, absolutamente nada? la verdad jefa, nos decepcionaste. Olvidate de contar con nosotros para próximas resacas, la próxima te hacemos un piquete en el esófago y te vomitás todo. Chau, no tenemos nada más que hablar con vos." Bueno, es esa la historia.
-¿nos tendríamos que haber quedado en la ruta, panza arriba, mirando las estrellas, no?
-sí, pero te dio miedo.
Me impresiona cómo te acordás casi textualmente lo que dijimos cada uno de esos días
ResponderEliminarAdemás, es TAN cierto que nos tendríamos que haber quedado tiradas panza arriba en el bosque... tantas cosas NO hubieran pasado...
ResponderEliminar